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miércoles, 7 de julio de 2010

LA FUERZA DEL CORAZON

Hola, me llamo Daniela Cortez pero mi nombre artístico es Aisha. Tengo la mala noticia de informarle a los amigos de mi padre, Daniel... Nazim Rashad, que ha fallecido hace dos años.

Desde que nací, mis padres siempre me han involucrado en lo que es la danza, oriental, en lo que es el sonar del derbake. Incluso me llevaban cada vez que bailaban por separado o juntos, y cuando lo hacían juntos solían contar con el cuerpo hermosas historias de amor. Me dijo mi madrina bautismal que yo fui concebida a los dos años de ellos casados y bajo los efectos de un raksa.

A los nueve años de edad tomé mis primeras clases con Michelle, la entrañable maestra de mi padre. Me recibí con ella y después por ser la hija de... pude conocer a Shamsa Nur, Sabrina Colman, Shamsia Shazady, Amara, Matías Castro Castillo, Hernán Soleimán... tanta gente que mi padre quiso y admiró. Papá siempre me contaba las historias de cómo se encontraba con sus amistades en las tardes porteñas o en La Plata. De cómo pasaba la tarde entre shimmys y yoses... aunque era bien cierto que la relación entre ellos iba mucho más lejos que eso. Papá entregaba su corazón a cada alma con la que compartía su pasión artística. Le encantaba conocer gente con la que podía compartir escenario. Siempre me decía que bailar con amigos, aunque no ganara dinero, era una experiencia maravillosa. Era tan feliz siendo feliz y haciendo feliz.

Michelle me decía que su primera coreo fue con ella. Ella me relataba que cuando Nazim Rashad estaba en sus primeras coreos y era un entusiasta estudiante su alma volaba y que tenía siempre en cada clase una sonrisa gigantesca. Daniel era incansable. Se notaba que disfrutaba y a su profe eso la ponía orgullosa.

Recuerdo aquella madrugada en la que le dimos a Daniel su último adiós, no paraba de concurrir gente... Mayra Huzid le regalo dos pares de chinchines en su féretro para que deleite a los ángeles con su danza.

Suelo visitar a Danila y a Mayra, sus amigas y madrinas artísticas y ellas siempre me regalan un abrazo será porque ven a mi padre en mi.

Muchas veces tuve ganas de dejar la danza, pero Mayra que no, que me deje de joder. Que soy hija de bellydancers, que mis padrinos son bailarines también, que en mi sangre corría el amor al baile oriental y que mi corazón no latía sino que hacía “Dum” y “Tac”. Yo la miraba a los ojos, pero no tenía ganas de bailar, porque mi confianza estaba realmente baja. Extraño tanto a mi papá. Cuando Mayra me decía todo eso yo no podía hacer ni un “uno y medio”, estaba tan destruida que ni siquiera el paso mas sencillo me salía.

Empecé a lagrimear y la Tía Mayra me abrazó muy fuerte. Esa noche me quedé en su casa durmiendo con Gina, su perrita, que seguramente con su institnto animal intuía mi dolor. Seguro. Los animales con su comportamiento pueden predecir la magnitud de un desastre natural como la agonía de un corazón de hija, como el mío.

Al otro día me desperté temprano y ni bien tomaba un cafecito, Mayra me encara y me muestra un hermoso caderín rosado con monedas doradas, tal como si fuera la cabeza de la temible Medusa.

- Tía, ¿Y ese caderín?- pregunte extrañada

- Es tuyo... te lo regalo Daniela-

- Tía... no puedo aceptarlo. Es un caderín que te debe haber acompañado por Latinoamérica y Europa. En cada clase magistral que has impartido. Debe tener recuerdos para vos.

- Aisha, - La madrina artistica de mi papá me llama con mi nombre de ficción y corta toda nostalgia- quiero que hoy trabajes conmigo. porque quiero presentar un dúo con vos. Quiero que vuelvas a tu danza.

- Tía Mayra. Vos sabes que amo la danza... pero no puedo acompañarte... No tengo traje... no es el momento. No he podido recuperarme de la muerte de papá- Trate de excusarme para huir del compromiso de una presentación en Buenos Aires. Estaba dejando de lado todo mi lado profesional, aspectos de la danza que había aprendido bien de esta bellydancer.

- Hija, este fue mi primer caderín. Yo adoré a tu padre y siempre estuve apoyando su carrera. Todo sin pedirle nada. Ahora te pido algo a vos... dejame bailar con vos... dame ese gusto... Aisha

- ¿y mamá?... ¿por qué no bailas con mamá?

- A tu madre nunca le caí bien. Acordate de Venezuela

Era verdad. Estabamos en Caracas cuando a Mayra se le ocurrió hacer una coreo sencilla con Nazim Rashad y a Najla, mi mamá, no le gustó que compartieran escenario y por celos y se opuso redondamente.

Vuelvo a mirar el caderín y las monedas presentan un fulgor especial. Parecía que era mágico.


- Está bien, Tía. Voy a cambiarme.- No me quedaba más remedio que aceptar lo que la bellydancer me pedía. Cuando era chica papá le mostraba mis unos y medios y shimmyes lo que le causaba a la Tía risas de ternura. Mayra no era mi tía de sangre pero la sentía tan cerca... que no podía negarle ese hermoso pedido.

- Gracias nena- me dijo como cuando tenía ocho años y ahora a los 25, (la misma edad que ella tenía cuando amadrino a mi papá) vuelvo a bailar pero no como Danielita, sino como Aisha la bellydancer.

Esa mañana me calce el caderín y sentí que tenía algo de la Tía Mayra. Su magia en mi cintura, pero en mis pies había una vibración especial. Vivía papá en mi cuerpo. Era una fuerza que me impulsaba a dar todo de mí... la fuerza de la sangre. Era indescriptible.



Mayra me marco los pasos. La coreo, si bien es un dato anecdótico, salió preciosa.

1 comentario:

  1. que historia tan dulce y todo un honor que la enmarques con uno de mis diseños!!!

    Saludos
    Lakmé Indira

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