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miércoles, 21 de abril de 2010

Bailarinas



Cada vez que me meto en un proyecto nuevo, siempre busco hacerlo con todas las ilusiones de un futuro mejor. Luego el tiempo va tapando mis sienes con las arenas de la frustración traídas por el viento de la desilusión.
Las redundancias y las incoherencias propias de la vida han hecho que mis viajes sean cortos y la perseverancia desfallezca ante el primer obstáculo.
Una vez quise ser actor de comedias. Era esa mi primera gran y hermosa ilusión. Que la gente pudiera reír con mis chistes. Pero no siempre el mundo me ponía de buen humor. Mis principios se negaban a aceptar la torpeza de que alguien pudiera ser malo, la torpeza de actuar con crueldad.
Lleno de estas tristezas interiores y por miedo escénico cambie prontamente de profesión.
Luego quise ser locutor de radio, pero las malas noticias que el servicio informativo hicieron que volviera a repetir la decisión tomada cuando deje el teatro.
De adolescente quise dedicarme a la meteorología, pero mis frustraciones con el amor hacían de mis tiernos cielos sean surcados por tormentas de desazón. Además la carrera tenía mucha matemáticas.
Quise ser poeta... y aún lo soy, pero siempre escribí lo que ella nunca leería.
Hace poco conocí a un grupo de niñas que bailan danzas árabes. Estas chicas han inspirado en mí una necesidad de mover el cuerpo al son de esas dulces melodías orientales. Dueñas de una técnica y de un estilo propio son estrellas de su cielo.
He intentado estudiar y la danza me parece maravillosa, a pesar de que tengo bastantes limitaciones corporales estos talentos confían en que pueda lograr ser un gran profesional.
Desafortunadamente yo bailo para ellas, así como una especie de bendición de bellydancer bailo para satisfacer las espectativas de estas dulces terceras. Al igual que cuando me siento a escribir o cuando doy clase... doy lo mejor de mí para que otros sean felices.
Termino de escribir todo esto, releo y veo que lo expresado hasta el momento es conforme con mi sentir.
Siento que esto es mejor. Bailar para los demás es compartir.
Dulce momentos usando el arte de los demás, es generosidad.
En este momento voy por mis botas y chinchines hay un saidi que tengo que perfeccionar ya que un selecto y muy querido público espera mi danza.

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